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BANDERAS PEREGRINAS

Una mañana salí a ver el sol mientras tomaba un vaso de agua.

Entonces el agua, desde dentro de mi cuerpo, me dijo:

—Hola.

Me sorprendí.

Pero el agua siguió hablando.

—En Jujuy una chica está metiendo los pies en mi río.

En Chubut un grupito de amigxs abre la boca mirando al cielo y siente cómo se derriten mis copitos de nieve sobre sus lenguas.

En Santa Fe una señora riega una flor que le regaló su vecina y con lo que queda da de tomar a sus gallinas.

En Salta un perrito se lleva a lametazos gotas de un charco para atravesar el día.

En Santa Cruz la escarcha hace picos fantásticos en las canaletas

En Tierra del Fuego la gente se desliza como bambi en masas de nieve apelmazadas

Una vicuña cruza un río y se moja los pies.

Un niño tira hojas en una acequia.

Una nube se prepara para tronar.

Una semilla explota.

Yo estoy ahí también.

En los cuerpos.

En las montañas.

En las lágrimas.

En la sopa.

En el mate.

En el vuelo de los pájaros.

En una gota de agua entra todo el reflejo del
Mundo.

Después de contarme esto, el agua guardó silencio un instante y dijo:

—Hay algunas personas que viven en el cielo de las urbes pero no pueden detenerse  a contemplarlo

Buscan un poder extraño.

Bajan a la tierra y encuentran bloques sobre bloques, pero ya no encuentran la montaña.

Pasan junto a las flores sin sentir su fragancia.

Escuchan muchas voces, pero no el canto de los pájaros.

Me toman cada mañana en el café o en el mate, pero ya no logran sentirme.

Entonces el agua volvió a hablar.

—Por eso las estoy llamando.

Las llamo desde los glaciares.

Las llamo desde los ríos.

Desde los humedales.

Desde las lluvias.

Desde la nieve.

Desde las vertientes escondidas.

Las llamo a encontrarse.

A coser.

A caminar.

A leer poemas.

A escribir.

A cantar.

A escuchar.

A hacer banderas.

No banderas para separar.

No banderas para conquistar.

No banderas para demostrar fuerza.

Banderas para recordar.

Banderas del agua.

La bandera comparte conmigo la condición de lo ondulante.

Existe cuando se mueve.

Como los ríos.

Como el viento.

Como la vida.

Por eso les propongo algo:

cósanme.

Cósenme en retazos brillantes.

En banderas.

En ponchos.

En mantos.

En pedazos de telas guardadas.

Háganme aparecer en los colores que imaginan cuando cierran los ojos y escuchan correr un arroyo.

Llévenme sobre los cuerpos.

Háganme bailar.

Porque la poncha también es una montaña.

También es refugio.

También es poesía.

Y cuando muchas personas se encuentren para coser, pintar, cantar y caminar juntas, algo volverá a suceder.

La alegría.

La memoria.

La imaginación.

La certeza de que todo está unido.

Entonces seremos una gran Wiphala de las Aguas.

Un tejido de territorios, cuerpos, animales, montañas, nubes y sueños.

Agua que corre.

Agua que baila.

Agua que vuelve a encontrarse consigo misma.

Y quizás, mientras caminamos, aprendamos otra vez a escuchar.

Porque la continuidad de la vida se crea junto con otrxs.

Y porque en una sola gota de agua cabe el nombre del mundo entero.

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